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Prensa

Monólogo de Danzarines

Colores de Venezuela - Caracas
06-08-2007 12:00:00 a.m.

Arrastrado por el torbellino de máscaras e ilusiones penetro en este ámbito y me dejo llevar, como en un trance por esta investigación fotográfica. Embriagado por el color, los deseos y la danza, sin saber exactamente qué me impulsa, siento cómo mi cuerpo inicia un diálogo con la música, con el entorno y a la vez un monólogo con un ser interior que desconozco y al que, este ritual, que pareciera absurdo, me obliga a escuchar.

Cada exploración, cada viaje hacia mi mismo, cada contacto con esos otros, desconocidos aún, me revela realidades diversas que me asombran, me llenan de preguntas y me incitan a volver.

Los rituales mágicos,  de los pueblos ancestrales, me impiden detener este registro de imágenes.
La cámara  entra conmigo en este estado de ánimo, en ese mundo de secretos y misterios que se descifra con códigos de color. Colores enceguecedores, vibrantes de una luminosidad que nos pertenece y que despliega, ante mis ojos, historias de otros y mis propios relatos perdidos.

Están allí, en el papel fotográfico, cuando la razón me rescata de ese remolino de pasos, de voces, de risas, expresiones todas de una gente y de un mundo que aprendo a ver, un espacio que me conforma como ser de estas tierras.  

Me descubro y me pierdo en los ritos de otros que también soy yo.
Danzo en una sinrazón, participo de ese monólogo contradictorio y feroz que nos une a la vez en un todo colectivo que me ayuda a encontrar mis voces más profundas.

Es un encuentro real y honesto con seres habitados por el color y la historia, seres que construyen su discurso personal con cada danza, cada nota musical, cada acto cotidiano valeroso.

Ajenos y cercanos, en sus rostros está marcado el mundo de pesares, nostalgias y triunfos que develan en ese monólogo  que se torna en diálogos o en puesta en escena tenaz para enfrentar demonios y crueldades. Desde allí, desde ese lugar gritamos y cantamos lo que somos.
Las fiestas son una excusa que nos vincula en ese recorrido por rehacernos, son una necesidad que nos constituye en “nosotros.”

Los rituales mágicos de este territorio se comienzan a desvanecer y luchan por sobrevivir.
Yo me esfuerzo por atrapar su esencia y por asirme a mi mismo.

Marisela Fuentes

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