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Prensa

Sigo Buscando la Sensación de Ver Algo por Primera Vez

El Universal - Caracas
2/8/2007 12:00:00 a. m.

En 1997, Jesús Ochoa se encontraba realizando su trabajo sobre el cacao -que se convirtió en el proyecto Mujeres de Chuao- cuando lo invitaron a la fiesta de Corpus Christi. Llevó, como era su costumbre entonces, película blanco y negro y unos pocos a color, aunque éstos no para su trabajo.

Fue ahí -desde entonces y hasta ahora- cuando el color le estalló en la cara como un abanico de posibilidades que se propuso explorar. "En ese momento mi carrera fotográfica hizo un giro de timón", confiesa.

Sus fotógrafos de cabecera -Sebastiao Salgado y Cristina García Rodero- cambiaron hacia los coloristas e incluso Ochoa se dejó influenciar por los impresionistas.

El resultado, recogido durante diez años, se puede apreciar desde hoy en la muestra Colores de Venezuela, donde 49 imágenes dan cuenta del colorido que sigue seduciendo a Ochoa.

Desde esa experiencia extrema con el color -a través de las fiestas populares- el fotógrafo no ha vuelto a trabajar con el blanco y negro. "Cuando me planteo un tema fotográfico estoy buscando el color". Y guiado por la brillantez, por el deslumbramiento, por la saturación, ha ido recorriendo los lugares más remotos dentro y fuera del país. La India -donde las ciudades tienen nombre de colores-, Perú, Bolivia, son algunos. "Busco temas y situaciones donde pueda explotar el color".

"Susan Sontag", refiere, "decía que toda fotografía termina siendo documental aunque no se proponga serlo". Apoyado en esa teoría, explica que su trabajo se enfoca más en una búsqueda personal que en un registro documental de esas fiestas.

Además, Ocho asegura que su trabajo parte de la relación del ser humano con su entorno: "Trato de dignificar a estos personajes, hago encuadres desde abajo, es como una reverencia ante la persona fotografiada".

Para lograr esa relación, el fotógrafo llega varios días antes de la fiesta para conversar con los organizadores, que la gente sepa qué estoy haciendo; les muestro lo que he hecho y les llevo las fotos después".

En algunos casos la relación ha sido tan estrecha que puede decir que allí tiene amigos. "Me hice socio de San Juan Bautista en Chuao y me casé ahí", cuenta. "Me meto en la fiesta, termino, queriendo o no, siendo parte de la fiesta".

De 10 años de trabajo Ochoa extraña cierta ingenuidad de los inicios: "Uno sigue buscando la sensación de ver algo por primera vez, algo que te impacte los sentidos. La capacidad de asombro se va perdiendo".

Sus fotos se caracterizan por los colores puros, vivos, la luz directa, muy fuerte; por el acercamiento a lo humano: "No hay fotos lejanas o panorámicas. Me gusta que la cámara no sea una barrera sino un portal. No sientes la presencia del fotógrafo".

Y para él el uso de una cámara digital no es impedimento para llegar a su lenguaje. Siempre usó el formato de 35 mm y desde hace dos años usa digital: "La técnica es importante y hay que saberla manejar lo suficiente como para que no se perciba en el trabajo. En el fondo, lo importante no es la flecha sino el indio. Mi ojo es el mismo en una cámara digital o analógica. La digital me permite experimentar, antes era una sorpresa ahora yo soy el laboratorista".

Esta exposición, añade, no es un punto final pero es un punto. El paso siguiente es hacer un libro. "Uno nunca termina de cerrar los trabajos, el tiempo te lo va diciendo". Por ejemplo, en junio fue a la fiesta de San Juan y no pensaba hacer fotos pero lo hizo: "la necesidad de fotografiar es más fuerte que yo".

María Gabriela Méndez

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